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¿#SíMiPlaneta


Un chicle se degrada en… ¡5 años!


El estadounidense Víctor Vescovo, como parte de la expedición Five Deeps, descendió a 10 mil 935 metros, en las Fosas de las Marianas, del Océano Pacífico.

Así como sucede con las colillas de cigarro, tirar chicles en la calle, después de haberlos masticado, daña el medioambiente.

De acuerdo con estudios del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), cada chicle contiene los microrganismos de la persona que lo mascó. Esto quiere decir que una sola pieza desechada puede albergar entre 50 mil y 70 mil bacterias que se esparcen por el aire, propagando enfermedades como salmonelosis y estafilococo.

El riesgo en la salud de los ciudadanos es latente; sin embargo, para muchos pareciera divertida la acción de pegarlos como “ornato” en árboles y otros objetos en la calle.

Si observa con detenimiento, pequeñas manchas negras invaden el piso de las calles. Suelen confundirse con mugre, pero antes eran chicles. Se estima que alrededor de dos millones de zapatos pisan diario estos chicles, lo que hace su remoción una tarea titánica.

¡Una bolsa de plástico y envolturas de dulces quedaron registrados en los videos recopilados, como testigos del alcance que la contaminación la tenido en el planeta!

Casi 30 minutos es lo que el personal de limpieza tarda en despegar cada una de estas pastas. ¿Cuánto llevaría quitar todos los chicles, si solo en la calle de Madero, del Centro Histórico de la Ciudad de México, se han contabilizado 200 mil pegados al piso? ¿Cuántos más hay en otras ciudades del país?

En cuanto a la contaminación… sí, los chicles también deterioran el medioambiente por estar compuestos, en su mayor parte, por plástico y una mezcla de resinas naturales, sintéticas, colores artificiales y azúcar.

El problema surge cuando son arrojados al piso y se secan con el sol. Al ser productos inorgánicos, su degradación será en aproximadamente cinco años, tiempo en el cual se convierten en un material duro, hasta resquebrajarse, volverse polvo y, finalmente, contaminar el ambiente.

Últimamente han surgido alternativas para modificar los hábitos de consumo y evitar el uso de plásticos.

No hay que olvidar a los pájaros que pueden confundirlo con comida y morir asfixiados al intentar digerirlo.

El chicle es un producto milenario, legado de nuestros antepasados. Sin embargo, como en todo, nuestro papel es consumirlo y desecharlo de manera responsable.


Colocarlo en una envoltura y depositarlo en un cesto de basura inorgánica es la mejor manera de conservar nuestra salud y proteger el medioambiente. Así de pequeña es la acción, pero marcará la diferencia.



Optar por el cambio es una decisión personal.