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Indiferencia oficial ante la contaminación


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En 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS), calificó a la contaminación del aire como “el riesgo ambiental más grande para la salud”, que afecta tanto a países de ingresos bajo y medio-bajo en Asia y África; como los de ingreso medio y alto en América y Europa.

Los efectos en México son evidentes. La Secretaría del Medio Ambiente ha documentado que las afectaciones a la salud, asociadas a la contaminación, incrementan el ausentismo en el trabajo, las incapacidades laborales, el gasto en consultas médicas y medicinas, y esto alcanza un gasto anual de 577 mil 698 millones de pesos, equivalente al 3.2 % del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, existe un sector, considerado el más vulnerable ante las partículas tóxicas del aire: niños y adolescentes mexicanos. Tan solo en 2016 se registraron mil 680 defunciones de menores de 5 años, por asma o infección respiratoria aguda.

¿Qué dicen las autoridades sobre la contaminación?

De acuerdo con el estudio “No apto para pulmones pequeños”, publicado por Greenpeace México y la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), las autoridades no han actualizado las normas oficiales mexicanas que regulan los límites máximos permisibles de emisiones contaminantes y la calidad de los combustibles, lo que pone en riesgo la salud y el desarrollo de la niñez.

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La contaminación y sus efectos en los niños Al tener un organismo en crecimiento, el sistema respiratorio e inmunológico de un infante puede presentar dificultades en su desarrollo ante la presencia de contaminantes. Asimismo, los niños respiran el doble de rápido que los adultos, lo que se traduce en mayor exposición a los componentes químicos, incluidos los contaminantes atmosféricos.

El asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y la infección respiratoria aguda (IRA), son algunos de los padecimientos más frecuentes causados por la mala calidad del aire. Esto no solo pone en riesgo a los niños y adolescentes, sino también a los infantes que se encuentran en el vientre materno.

Estudios realizados en Estados Unidos y Gran Bretaña identificaron que, como ocurre con el tabaquismo activo o el pasivo, la exposición de las mujeres embarazadas a la contaminación atmosférica está asociada con la pérdida temprana del feto, aumento de partos prematuros y bajo peso de los niños al nacer.

Queda mucho por hacer

Greenpeace y Redim afirman que las autoridades también tienen pendiente el fortalecimiento del monitoreo de la calidad del aire en varias ciudades del país, así como la implementación de sistemas integrales de transporte público, y la promoción de sistemas alternativos de transporte no motorizado.

Estas organizaciones hicieron énfasis en que, desde 2013, casi 85 mil personas han muerto de forma prematura en México debido a la contaminación del aire: “Todos estos decesos habrían sido evitables si se cumplieran las recomendaciones de la OMS y otros mandatos internacionales”.