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Estratosfera contaminada


La activista sueca Greta Thunberg, recién galardonada con el Nobel alternativo por su trabajo ambiental, emprendió un viaje en yate, del Reino Unido a Nueva York, para asistir a la Cumbre sobre Acción Climática, convocada por la Organización de las Naciones Unidas.

A pesar de haber demorado dos semanas en llegar a su destino, la joven de 16 años eligió este medio para recalcar el impacto del transporte motorizado en el medioambiente.

Gases producidos por aviones


Aviación vs. medioambiente

El impacto está relacionado con los gases de efecto invernadero, los cuales contribuyen al calentamiento global cuando son liberados a la atmósfera. Al quemar combustible, los aviones producen estos gases.

De acuerdo con la Organización de Aviación Civil Internacional, un vuelo desde la Ciudad de México a Bolivia emite aproximadamente 0.67 toneladas de dióxido de carbono (CO2), por pasajero. Esta cantidad equivale a 16.8 % de lo emitido al año por una persona que vive en México.

“Este daño se debe a que los aviones liberan moléculas en la estratosfera, y hacen su trabajo como gases de efecto invernadero. Si estas mismas emisiones ocurrieran a nivel del suelo sería más fácil interceptarlas por un sumidero de carbono, como el agua o las plantas”, señaló la maestra en medioambiente y desarrollo sustentable, Raiza Pilatowsky.

De acuerdo con la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), la aviación mundial contribuye con casi 2 % de las emisiones de carbono del mundo, y se prevé que para 2037 el número de pasajeros aéreos se duplique a 8 mil 200 millones.

Viaje en avión


¿Y México?

Al parecer, el país comienza a crear conciencia de este problema.

Según Alejandro Mejía, piloto comercial de una compañía de aviación, la flota nacional ha empezado a reemplazarse por aviones A320 NEO, los cuales emiten 5 mil toneladas menos de dióxido de carbono y utilizan menor cantidad de combustible, aproximadamente 200 litros menos.

Sin embargo, ¿debemos dejar de viajar en aviones? No necesariamente.

La maestra Pilatowsky concluye que, si bien es imposible limitar la aviación, sería importante cuestionarnos qué transporta, para quién y a quiénes beneficia. Asimismo, evitar los vuelos privados o de primera clase, ya que estos emitirían las mismas cantidades de CO2 al transportar una decena de personas, que un vuelo comercial con 200 pasajeros.

El futuro de nuestro planeta y sus recursos está en nuestras decisiones.